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Ayer conversaba con un amigo, emprendedor como yo, sobre lo curiosa que es la percepción del entorno cuando uno decide pasar al status de emprendedor. No es un tema trivial.
Cuando uno es emprendedor, hay que asumir que a uno lo miren como bicho raro. Por un lado, si estamos recién empezando, decidimos hacer cambios en nuestros hábitos. Algunas veces, dejamos las comodidades, el auto, los símbolos tradicionales de status y asumimos en nuestra empresa ser desde el visionario, el gerente general, el de finanzas, el comercial, el junior, la secretaria, el que hace el café, todo en uno. Es entendible, entonces, que el entorno que nos vio de otra manera, al menos reaccione.
"Qué simpático". "Qué interesante". "Qué fuerza". Son los epítetos recurrentes.
Es lógico. Emprender es una acción de riesgo declarada. Emprender significa que nos puede ir mal o nos puede ir bien. Obviamente no da lo mismo. Pero las posibilidades son ciertas.
Pero saben? Quiero ser muy enfático en algo que me ha dado vuelta. Con 13 años como emprendedor, me han dicho de todo. Y hoy lo tengo más claro, gracias al blog, porque quienes me escriben me han enfatizado mucho eso de la "actitud" y el "espíritu". Lo agradezco mucho y he recibido mails que realmente me emocionan al respecto.
Sin embargo, me ha dado vueltas eso de actitud. Es decir, la actitud es indispensable. Ser resiliente. Sostener con fuerza. Esforzarse al máximo. Todo es básico. Pero nada de lo anterior sirve si no hay un plan de negocios (me refiero a una claridad meridiana de lo que estamos emprendiendo) y un modelo de negocio que tenga muy claro cómo se transforma en dinero el emprendimiento en el que estamos. En dinero o en el resultado final deseado. O sea, cómo nuestra brillante idea que nos quita el sueño y nos obsesiona, la podemos medir en resultados tangibles.
Si vamos a emprender algo, inventando un negocio, comenzando una empresa, debemos ser muy claros en cómo pensamos generar el dinero. Que la maquinita funcione. Y sostenerla.
A todos quienes emprendemos desde la pasión, nos mueve cambiar el mundo. De verdad pensamos que nuestros productos y servicios son los mejores y que eso traerá como consecuencia una aceptación del mercado con los beneficios asociados. Pero este sueño debiera, a mi juicio, tener los pies en la tierra.
Y para ello, más allá de la pasión y las convicciones, debemos sí o sí estar conectados con la realidad y ver qué es lo que realmente funciona.
En resúmen, sí es una cuestión de actitud, como diría el gran Fito Páez pero además, es una cuestión de análisis, de sangre fría, de diseñar un modelo de negocios y de entender que finalmente quien definirá el éxito de una gran idea. habiendo cumplido con todos los elementos del emprendimiento, es el mercado.
Así que, usemos nuestra actitud y focalicémosla para escuchar (básico) y trabajar duro para transformar nuestro emprendimiento en un éxito total



Emilio Filippi:
Emprender:¿Es una cuestión de actitud? Si, pero más que eso!
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"No pretendamos que las cosas cambien si seguimos haciendo lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura.
Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar "superado".
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones.
Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.
Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro.
Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla".
(Albert Einstein)
